Sé que está mal, pero qué tentadora resulta la idea de poseer y ser poseída. Quiero que sea mío; quiero ser suya. Me gustaría perderme en sus abrazos y olvidarme de todo.
Pero es imposible. Y no sólo eso; está mal.
Resulta que las lágrimas que derramo por su ausencia no se deben realmente a él. Lloro por mí, por mi incapacidad para estar sola. Lloro porque no me gusta estar conmigo, voltearme a ver, enfrentarme. Por eso busco el abrazo ajeno, la compañía del otro, y si acaso aquel me abandona entonces lo culpo de mis desgracias, de mi sufrimiento constante.
Dicen que para resolverlo debo poseerme, controlarme y hacer por mí lo que siempre he hecho por los demás. Debo aprender a estar conmigo, a quererme, a amarme... dicen.
Supongamos que tienen razón. Yo igual quiero ser dueña y posesión.
1 secretos:
Ahora comprendo un poco mas a mi ex. pero sabes a veces cual es lo que impide en ella u otras, su orgullo.
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